domingo, 3 de marzo de 2013

Ultimas Noticias de CRITICALIA al 29 de Enero del 2013

Noticia, Critica de la pelicula Lincoln - 29/01/2013 19:00:00

"Una vez más el cine americano cuenta su historia y exhibe la grandeza de sus mejores hombres, como lo hace aquí con el presidente número 16 Abraham Lincoln considerado el más grande, que logró la aprobación de la decimotercera enmienda en la que se abolía la esclavitud y se consideraba que todos los hombres son iguales ante la ley sin tener en cuenta su raza ni el color de piel, y la terminación de la Guerra civil americana.
La película se dedica, con un pequeño prólogo con imágenes de la crudeza de la guerra entre el Norte y el Sur, a las discusiones entre los partidos políticos sobre dicha abolición siendo el más empecinado en su aprobación el presidente, en lo que luchó durante buena parte de su mandato, por consolidar el futuro del país y que todos los hombres fueran libres. Entretanto su familia se rompía con la muerte de varios de sus hijos y la progresiva demencia de su mujer. Desgraciadamente, después de cinco años de gobierno, a los pocos meses de lograr su proyecto, que no pudo disfrutar, fue asesinado el 15 de abril de 1865, en el Teatro Ford, por el disparo de un actor, falleciendo horas después.
En su éxito también tomó parte su esposa, Mary Ann Todd, una mujer de carácter mientras que él era un simple abogado. Pero ella vio que tenía un gran futuro y que podría gobernar, convirtiéndose así en su mejor asesora. Esta figura queda un poco desdibujada en el film, sin el relieve que merecía, en lugar de tanta política y exceso de diálogos que aburre al espectador, en un guion que está bien en esos aspectos pero desequilibrado en el de su vida familiar.
Son pocas las escenas en las que se dedica a humanizar al personaje y a la relación con su familia, el no llevarse bien con Robert, su hijo mayor, que no quería que fuera a la guerra, tras sufrir la muerte de otro de sus cuatro hijos, el menor, Tad, que su madre nunca llegó a asumir.
Tras su asesinato se convirtió en un mártir y también en un mito, además de por ser un filósofo brillante y un notable escritor. Hombre cercano cuya figura era inconfundible, enjuto, encorvado, con una barba peculiar y su sombrero alto. Fue una época difícil la que le tocó gobernar, acosado por las circunstancias de una guerra civil que por fin logró que acabara esa lucha fratricida y que todos estuvieran unidos bajo una única bandera, que dejaran los intereses personales, sobre todo el Sur beneficiándose de mano de obra gratis para los campos de algodón con la esclavitud de los negros, frente al norte con una mayor riqueza.
Algo que refleja bien el guion del ganador del Premio Pulitzer Tony Kusher, basado en el libro de la historiadora neoyorquina Doris Kearns Godwin, publicado en 2005, es la lucha del poder de los partidos políticos en la compra ilegal de votos, en lo que no tuvo reparos en participar Lincoln, incluso con amaños y chantajes para comprar voluntades, para lograr su bendito propósito, algo que no difiere mucho de la política actual inmersa en la corrupción, con la diferencia de que él lo hacía para el bien común por una buena causa y ahora lo hacen para el beneficio propio o de los partidos. Recurrió a esos subterfugios a pesar de ser el presidente que más poder tuvo. La cinta hace un retrato de lo que fue este hombre, político, padre y esposo, no todo en la misma proporción, de ahí el desequilibrio, aunque no se trata de una hagiografía.
Steven Spielberg hace una madura y sobria dirección y puesta en escena, confiando en el extenso y estupendo cuadro de actores, que tienen buenos diálogos, lo que no quita que se abuse de ellos en las intervenciones en la cámara, convirtiendo la película a ratos en discursiva, aunque no se duda de su calidad y su información histórica.
Daniel Day-Lewis, quien en principio rechazó el papel, hace una notable caracterización física interpretando con una fuerte convicción, ya que es de los actores que se llevan el personaje a casa y no lo sueltan hasta el fin del rodaje.
Lo contrario sucedió con Sally Field, que luchó por lograr el papel hasta convencer a Spielberg y del que hace un convincente y extraordinario trabajo de Mary Ann Ford.
La música de John Williams pasa un tanto desapercibida.
Ambos están nominados al Oscar, él como actor principal (ya ganó el Globo de Oro) y ella como actriz secundaria, apartado en el que también lo está Tommy Lee Jones. El film tiene en total doce nominaciones y gran cantidad de premios de las asociaciones de la crítica americana
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Interesante, Critica de la pelicula Django desencadenado - 26/01/2013 19:00:00

"Definitivamente, Quentin Tarantino es oxígeno para el cine; se podrá estar de acuerdo, o no, con sus excesos, con sus disparates fílmicos, con su gusto por la desmesura y el grandguignol, pero lo cierto es que desde que en 1992 llamó poderosísimamente la atención con su debut en Reservoir dogs, no ha dejado de darle aire a un cine que hoy por hoy, sin él, sería distinto, bastante más serio (en su sentido peyorativo: triste, amorfo) de lo que es.
Tarantino sigue con su peculiar revisión de géneros, o de subgéneros, y ahora le ha tocado el turno al western. Más concretamente habría que hablar del espagueti-western, pues a esa variante itálico-española es a la que homenajea/tributa/parodia/remeda (táchese lo que no proceda, aunque me parece que todo procede…) en esta por lo demás, divertida, a fuer de desprejuiciada, Django desencadenado (la "de" es muda, como se encarga de repetir su protagonista).
Como es obvio, con Tarantino a los mandos, el resultado es algo inclasificable, que bebe sin recato en fuentes innúmeras, desde algunos sorbos del western clásico (en su parte de contenidos: el rescate de la mujer por parte de su hombre, la colaboración a todo trance del amigo fiel) con abundantes tragos del espagueti-western (formalmente, utilizando recursos del subgénero, desde los fulminantes zooms hasta los ralentíes en las escenas de acción; estilísticamente, con la abundancia de sangre y vísceras evisceradas, valga la redundancia, en las frecuentes balaceras; en contenidos, con personajes arquetípicos, de una pieza, blancos o negros, sin grises).
También, por supuesto, muestra sus bazas cultistas: el propio título juega con la contrafigura del Prometeo encadenado, el drama que la tradición atribuye a Esquilo. No digamos ya su fascinación por el universo nigger y los mitos de la blaixplotation, el cine de subgénero que durante la década de los sesenta y, sobre todo, setenta, hizo furor en la comunidad negra (vale, afroamericana, seamos políticamente correctos, hay que joderse…), y que está siempre presente en su cine, culminando en su Jackie Brown, que es blaixplotaition de luxe. No se pierdan de vista tampoco los afluentes de literatura popular del Oeste, como las novelas de Karl May.
Pero no hay que quebrarse demasiado los cascos en la búsqueda de guiños cinéfilos o cultistas: Tarantino es siempre dado a hacer un crisol, una mezcla abigarrada, donde todo sirve, todo vale, siempre que el resultado sea estimulante. Aquí la historia del cazarrecompensas alemán que libera al esclavo Django y, en pago a su colaboración para cobrar varias piezas, le ayuda a recuperar a su hembra, está sembrada de toda suerte de disparates que, sin embargo, funcionan en un conjunto que no se reputa realista sino con frecuencia surrealista.
Mención especial para el elenco de intérpretes: Jamie Foxx hace el que probablemente sea el personaje de su vida, por encima incluso del mítico Ray Charles al que dio vida en Ray; Christoph Waltz se confirma como uno de los actores de mayor carisma de su generación, en un personaje bombón, el de dentista-cazarrecompensas (o viceversa) con peculiar sentido de la justicia, pero en el fondo un hombre honesto y, sobre todo, un amigo leal hasta, literalmente, la muerte; Leonardo DiCaprio hace uno de los esclavistas más repugnantes que se han hecho en cine (y mira que los ha habido cabrones…), en franca rivalidad con el que aquí también compone Samuel L. Jackson, confirmando el dicho español de que no hay mejor cuña que la de la misma madera, un negro que odia a los negros y ama su papel de esclavo de los blancos, en una suerte de aberrante síndrome de Estocolmo; entre el extensísimo reparto de actores que aparecen en algunos casos apenas unos segundos, nos quedamos con los cameos de Bruce Dern o Franco Nero, éste en otro guiño al espagueti, pero también de otros veteranos como Robert Carradine o, visto y no visto, Russ Tamblyn, inolvidable en Siete novias para siete hermanos y West Side Story.
Película no apta para prejuiciosos y gente afín al purismo, Django desencadenado termina siendo una muestra desenfadada, abracadabrante, definitivamente outsider, sobre un género, el western (mejor un postwestern: es sabido que el género clásico feneció junto a John Wayne en El último pistolero, de Don Siegel, en 1976), del que este filme, a la manera de la arquitectura gótica, supondría su expresión flamígera o florida, aquélla que deja atrás al clásico para internarse en terrenos pantanosos como la desmesura y el barroquismo, que pueden gustar, o no, pero desde luego no dejan indiferente
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Información: Critica de la pelicula Amor - 19/01/2013 19:00:00

"No deja de ser curioso el recibimiento que la nueva película del austriaco Michael Haneke ha tenido, en general, en la crítica gauche divine española: jaleado sin tasa (a veces exageradamente, como en el caso de Caché. Escondido) en sus anteriores empeños, películas desasosegantes que buscaban dejar al descubierto las vergüenzas de las clases medias europeas (véanse, por ejemplo, Funny Games, tanto en la versión austriaca como en la norteamericana, o Código desconocido, o La pianista), sin embargo, Amor parece haber descolocado a más de uno, al centrarse en un universo cerrado y donde priman los sentimientos por encima de cualquier otra consideración, de cualquier otra contradicción, esa palabra tan en boga en las críticas de los años sesenta y setenta, hoy afortunadamente en franca retirada.
Se ve que no gusta que el fustigador de la burguesía tenga emociones: a ver si éste nuestro látigo de conciencias se nos va a ablandar… Pero, claro, eso sería una visión unívoca de la película, supondría que Haneke tiene que hacer siempre el mismo papel de Pepito Grillo y no pudiera ser, él mismo, cómplice de una historia en la que el amor, aun de forma tan extraña, es el centro del filme.
Pero está claro que Haneke no haría jamás una película romántica al uso: él trata el amor de forma distinta a como lo haría el noventa y nueve por ciento de los guionistas y directores; así, el universo en el que el cineasta austriaco nos habla de amor, y de otros sentimientos no necesariamente conexos (o sí…), es el mundo decrépito de la vejez, cuando la enfermedad crónica hace su aparición y convierte la convivencia en un ejercicio diario de lucha, de sufrimiento, de agonía, tanto para el miembro enfermo de la pareja como para su cuidador.
No estamos entonces ante un filme complaciente sobre el amor; aquí el sentimiento compartido durante décadas de convivencia que se adivinan benévolas, agradables, fecundas, dos seres que han vivido juntos con plena consciencia de hacerlo, con voluntad de envejecer juntos, llegan al momento en el que uno de esos pilares se derrumba, donde el amor no se ejerce retozando entre sábanas, dos cuerpos jóvenes que se desean y procuran el placer propio y el ajeno, sino en ese mismo tálamo, ahora precursor del túmulo fúnebre, donde la vida se va apagando entre la tortura de vivir sin vivir.
Abrumadora, con frecuencia insoportable, Amor resulta ser un ejercicio de amor, valga la redundancia, que no esquiva temas tan peliagudos como el maltrato en ese momento en el que toda paciencia salta hecha añicos, más allá de cualquier aguante como de Job, donde el final esperado no es otro que la muerte, la Muerte, donde la desesperación puede degenerar en la búsqueda de atajos innombrables, pero desgraciadamente tan frecuentes.
Película que no dejará indiferente a nadie, pone el dedo en la llaga en una de esas realidades, el desmoronamiento en la vejez, a la que la sociedad moderna no sabe dar una salida humana; y eso es, como en este caso, cuando la economía no es un problema, en una pareja que goza de medios más que suficientes para afrontar la muerte a plazos con toda la parafernalia lenitiva que ofrece la medicina y la farmacopea actual. ¡Qué no será este escenario dantesco en familias sin los recursos precisos!
Párrafo aparte para la impresionante interpretación de esos dos viejos y grandes intérpretes: Jean-Louis Trintignant, que lo fue todo en el cine francés y europeo de los años sesenta y setenta, es ahora el anciano voluntarioso y entregado (hasta que la desesperación grite ¡basta!) al cuidado de su esposa; Emmanuelle Riva, inolvidable en Hiroshima mon amour, será aquí la mujer cuyo deterioro físico estará dado con una verosimilitud difícilmente soportable, un ser humano que se derrumba a pedazos, sin más horizonte que sufrir cada día hasta la hora final.
Obra inmisericorde, Haneke vuelve a hurgarnos donde más duele (esa palabra que repite constantemente la enferma en su moribundia), ahora con un tema lacerante donde los haya: ¿está ahí el amor que reclama su título? Seguramente, porque no hay sentimiento más amplio, ubicuo, mutante, disperso, ambiguo, que ése que llamamos amor, love, amour, liebe…
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Información: Critica de la pelicula Jack Reacher - 17/01/2013 19:00:00

"Podría considerarse este filme, no sin razón, como un epígono actualizado de alguno de los muchos justicieros que en el mundo han sido, desde Harry el Sucio hasta los que interpretó, con fruición digna de mejor causa, Charles Bronson (cfr. El justiciero de la ciudad y otra media docena larga de títulos de similar jaez). Y sería cierto, si bien también es verdad que hay algunas diferencias sutiles, en este caso con ventaja para este Jack Reacher.
El comienzo no parece el de un filme de justicieros al uso, con siete minutos, siete, en los que no se dice ni una sola palabra, en los que el director y guionista, Christopher McQuarrie, cuenta su historia con la sola fuerza (y qué fuerza…) de sus imágenes, la preparación metódica, meticulosa, casi de entomólogo, de un asesinato múltiple a través de una mira telescópica. El resto ya no tiene esa altura, empeñado McQuarrie en dotar de cierta consistencia el personaje central, procurando que se diferencie del arquetipo del justiciero, si bien no con demasiado éxito. Es verdad que éste no actúa por venganza de males sin cuento infligidos a su familia (tema recurrente del subgénero), sino que parece más bien una mixtura entre policía, juez y verdugo en una sola pieza, pero el final es el mismo: a los malos hay que darles matarile…
Desde luego que el filme tiene formalmente un estilazo que ya lo hubiera querido la sarta de majaderías vengativas que interpretó Bronson, pero el meollo, la nuez, la médula de la historia es la misma.
También es verdad que McQuarrie es un buen guionista y enhebra su historia con cierta coherencia, a pesar de que ya había apuntado en anteriores empeños como libretista alguna tendencia al desvarío; me estoy acordando, por ejemplo, de la flamígera historia de Sospechosos habituales, pero también de la solidez del guión de Valkiria, en el que ya colaboró con su jefe (que para eso es el productor) Cruise.
El problema del filme quizá sea la dificultad para hacer creíble este personaje de justiciero, cincelando el tipo de persona descreída de todo que ha desaparecido de la vida y que sólo vuelve para hacer (su) justicia. McQuarrie no se resiste a una de las cualidades (por llamarla de alguna forma) inherentes al arquetipo, sus dotes cuasi taumatúrgicas para la lucha, o para estar en el lugar adecuado en el momento oportuno: esas capacidades le confieren entonces la apariencia de un (otro) superhombre, aunque no lleve mallas ni capa ni, desde luego, pueda volar. Pero por lo demás se eleva sobre el resto de los mortales: es lo que tiene el cine, que permite mangonear las historias según le plugue a su autor.
Parece que éste es el Cruise serio de la temporada; lo digo por diferenciarlo del que se toma a sí mismo más a cachondeo, como ocurría con Noche y Día. De todas formas, hace tiempo que no vemos al astro en alguna película pequeña en la que él no sea el eje sobre el que gire todo, en el que sea una tuerca más en el engranaje. ¿Para cuando otra Magnolia, por ejemplo?
En cuanto al resto del reparto, Rosamund Pike sigue siendo una de esas presencias hipnóticas que da igual lo que haga: te mantiene inevitablemente mirándola cuanto tiempo permanezca en pantalla. Por supuesto, Robert Duvall los deja a todos hechos unos pigmeos: lo que sabe este viejo, qué capacidad para comerse con papas al resto del reparto con un personaje que, digámoslo ya, tampoco estaba demasiado bien escrito… Y, claro está, chapeau para el viejo Werner Herzog, uno de los directores de cine más outsiders que hayan existido en el mundo mundial, aquí como actor, en un personaje pérfido donde los haya, uno de los villanos más estremecedores de los últimos años (y ya es decir, con la legión de malvados que pueblan el cine hodierno…)
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Es Noticia, Critica de la pelicula ¡Rompe Ralph! - 15/01/2013 19:00:00

"Hollywood vuelve a basarse en los videojuegos, en esta ocasión para una película de animación que dirige Rich Moore, quien hace con ella su debut en el largometraje para el cine, aunque tiene experiencia de la televisión al haber realizado una veintena aproximadamente de episodios de Los Simpson, entre otras series. La Disney ya lo hizo con Tron, aunque en aquella ocasión era con actores y esta vez es de animación.
Ralph es el personaje de un videojuego de los años 80, Repara Félix, jr., en el que hace el papel del malo de la historia que lo rompe todo, y el bueno es Félix junior, que arregla lo que él destroza con furia. Eso le hacer ser despreciado por la comunidad del edificio y acaba durmiendo en un basurero, donde sueña con cambiar y demostrar que es capaz de hacer cosas buenas, conseguir ser querido por sus vecinos y ser el héroe, para lo que desea lograr una medalla que se lo reconozca. Ralph es el complemento de Félix, si él no rompe, Félix no arregla.
Un día cansado de ser humillado y vencido se pasa al juego Sugar Rush, donde conoce a la pequeña Venellope, una chica muy lista y espabilada que, como él, es marginada por los componentes de su mundo de caramelo y carreras de coches, en el que se le tiene prohibido competir por ser considerada un defecto de fábrica. Ambos son una pareja de perdedores pero juntos lograrán triunfar. A ellos se unirá también la sargento Tamora, una marine con una gran personalidad y dotes de mando, que persigue a unos peligrosos ciber-bichos huidos de su juego, de la que termina enamorándose Félix.
El guion posee buen sentido del humor, personajes originales, bien definidos y divertidos, entre ellos la simpática y diminuta Venellope, con su forma peculiar de hablar, con ingeniosas ocurrencias que provocan la risa cada vez que abre la boca (es sin duda lo mejor de este film), a la que los demás consideran un glitch, o sea, un error electrónico de programación, que le hace parpadear y poner en peligro la existencia de los componentes informáticos del juego si es desconectado.
A lo largo de su trama hay influencias de cintas anteriores, caso de Toy Story, ya que como en aquella, cuando cierran los recreativos los personajes de los juegos toman vida propia. Así, hay una reunión de terapia de grupo de Malos anónimos a la que acuden los villanos de los diversos juegos, a la que también asiste Ralph para curarse de sus complejos, acabar aprendiendo de sus errores y conociéndose mejor a sí mismo.
Recuerda también a Shrek, en la que se daban cita muchos personajes de los cuentos clásicos en visiones distorsionadas. Igualmente aparecen protagonistas de otros videojuegos que los aficionados reconocerán con facilidad, lo que hará que sea más divertido para ellos.
La cinta tiene un argumento imaginativo y original, con mucha acción, con un giro argumental en el último tercio que sorprende al espectador cuando cree que repiten una vez más como perdedores para lo que fueron creados y nunca podrán ser héroes. Pero la esperanza renace, y el triunfo llega con la caída de los malos que aparentan ser los buenos.
Un montaje ágil, unos personajes bien perfilados y una aventura divertida hacen que no pestañeen los niños ni los adultos con este éxito del debutante Rich Moore, al que habrá que seguir si continúa por ese camino.
Seguramente ¡Rompe Ralph! es la mejor película de animación de la temporada, que ha sido nominada al Globo de Oro y al Oscar
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Noticia, Critica de la pelicula La noche más oscura - 12/01/2013 19:00:00

"Hay en esta película de la oscarizada Kathryn Bigelow dos historias: la más evidente es la de la larga búsqueda del paradero de Osama Ben Laden por parte de la CIA, desde que el 11 de Septiembre de 2001, la organización que aquel felón dirigía, Al Qaeda, destruyera las Torres Gemelas, destrozara parcialmente el Pentágono y a punto estuviera de reventar la Casa Blanca, o el Capitolio, con el cuarto avión que finalmente fue apartado de esa ruta por la bravura suicida de sus pasajeros. Pero hay una segunda, menos evidente, y que a mí al menos me interesa más, y es la que cuenta la vida sin vida de la protagonista, una analista de la CIA, Maya, una mujer que, al menos durante la década que duró esa búsqueda interminable, careció de una existencia que pudiera considerarse como tal; como afirma el dicho de mi tierra: ni padre, ni madre, ni perrito que le ladre, una expresión que se ajusta como un guante a la vida de esta Maya que recuerda nominalmente a la deliciosa abeja de nuestra infancia, pero sólo nominalmente…
Porque esta mujer carece de cualquier tipo de relación, ni afectiva, ni amistosa, ni familiar, ni social… Vive, o vivía, sólo para encontrar al Enemigo Número Uno de Estados Unidos. Esa vida sin vida, esa ausencia de nada que no tenga que ver con su (odioso) trabajo, está resumida en la que para mí es la mejor escena, la última, apenas sin palabras, un primer plano de un rostro tras alcanzar su obsesión, enfrentándose al resto de su existencia sin nada a lo que agarrarse.
Pero, qué quieren que les diga, la historia de la búsqueda de Ben Laden me parece bastante inferior. Y no es que no esté hecha con la solvencia que se espera del cine norteamericano de altos vuelos (aunque este filme, es cierto, se ha hecho con un presupuesto bastante moderado para lo que se estila en los USA, apenas unos 15 millones de euros), sino que la propia esencia de esa otra historia nos resulta estomagante. Veamos: hay en el filme un tufillo como de alineación con los torturadores de Abu Ghraib, ésos que fueron la vergüenza del Ejército americano, incluso de la CIA (acostumbrada como está a hozar en las cloacas), cuando se revelaron cientos de fotografías en las que se mostraba el trato degradante, humillante, vejatorio, al que se había sometido a numerosos prisioneros. Esa falta de autocrítica, esa asunción de que sin tortura no había forma de llegar a Ben Laden, resulta no sólo estéticamente reprobable, sino sobre todo éticamente abominable. Son tiempos éstos en los que parece que los valores se tambalean, en los que todo vale. Pues no todo vale: para combatir la barbarie no se puede usar la barbarie. Si las democracias usan los métodos de las dictaduras, ¿qué nos diferencian de ellas, el mero hecho de que nuestros representantes sean elegidos por el pueblo para actuar como si fueran tiranos? Me niego a esa premisa que me parece aberrante. Los derechos humanos son para todos: si los enemigos de la democracia los ningunean, la democracia no puede hacer tabla rasa y luchar con las mismas armas. Todos no podemos actual igual, y si lo hacemos, apaga y vámonos, y dejémonos de ponernos moños de demócratas.
Hay otro punto curioso, en este caso no ya de la película, sino de la propia historia de la búsqueda y matanza de Ben Laden y de algunos otros que cometieron el error de morar en su misma casa: manda huevos, como diría aquel presidente de las Cortes Españolas (el parlamento nacional, para los no españoles), que una organización como la CIA, con medios económicos y humanos sin límites, con la mayor red internacional de espías, con el apoyo incondicional de los más importantes servicios secretos del mundo, desde el MI6 británico hasta el Mossad judío (el más terriblemente eficiente sobre la Tierra, también el menos escrupuloso…), con dinero sin tasa para comprar voluntades, con una tecnología mareante que deja en pañales la que supuestamente usa James Bond en sus películas, tardara casi diez años en dar con el paradero de Ben Laden, y ello gracias a la cabezonería de una mujer sin vida propia, y además el operativo montado resultara un pequeño desastre, con un helicóptero destrozado por impericia y varias víctimas colaterales perfectamente evitables. La muerte de Ben Laden se vendió como una hazaña insuperable, pero la verdad es que fue más bien una chapuza. Que el país más poderoso del mundo tardara casi diez años en aniquilar a su archienemigo es como para que los sucesivos directores de la CIA se marcharan corridos y mohínos a sus casas y se metieran debajo de la cama.
Punto y aparte para los intérpretes: Jessica Chastain resulta creíble en su papel de agente neófita que va generando en su interior una obsesión que la devorará, y que se refiere a sí misma, en un momento de la película, como la hijaputa que encontró el lugar donde se escondía el asesino de masas; entre los secundarios nos quedamos con Mark Strong, uno de esos actores de segundo nivel que tienen la rara virtud de hacer verosímil cualquier papel, sea este de villano o de alto funcionario de seguridad, como es el caso; y James Gandolfini, el inolvidable Tony Soprano de la serie televisiva Los Soprano, aquí gordo como una boya, un peso pesado al que tantos kilos y los años que ya tiene encima han conferido una efigie, un rostro como de hermano gemelo de Gérard Depardieu. Resulta curioso ver a este Gandolfini, capomafia en la celebrada serie, hacer aquí nada menos que de director de la CIA (debía ser Leo Panetta, bastante más delgado que este actor que parece Obélix); no, si al final va a resultar como dice el refrán español: los extremos se tocan…
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Que opina usted? Critica de la pelicula Los miserables - 10/01/2013 19:00:00

"Tengo la impresión, no sé si fundada, de que Tom Hooper le tenía tanto respeto a esta adaptación del célebre musical que no ha sabido, o no ha podido, o incluso no ha querido hacer una versión puramente cinematográfica, sino que se ha limitado a llevar al cine la obra musical de Schönberg, Boublil, Natel y Kretzmer, utilizando recursos fílmicos, es cierto, pero de una forma muy limitada, como si quisiera simplemente darle un barniz cinematográfico, pero huyendo de una auténtica adaptación al Séptimo Arte.
Porque todo remite al musical; por supuesto en la trama argumental y las canciones, lo cual se daba por descontado; pero ya no en lo que es la escenografía, que apuesta antes por el aspecto del musical teatral que por presentar un espacio puramente fílmico. Y así la película toma un aspecto como de representación que le hace un flaco favor.
Hay un conflicto de lenguajes en esta adaptación: por un lado está el opulento musical que ha triunfado en el West End, en Broadway y en cuantos escenarios se ha presentado; por otro está la película, que no consigue nunca llevar a su terreno la obra teatral. En ese choque de lenguajes es donde se pierde la baza de hacer una gran película, aunque, qué duda cabe, es cierto que se consigue un gran espectáculo… tal que si estuviéramos dentro del teatro asistiendo a una de las funciones del musical. Eso podría considerarse una virtud, pero para los que amamos el cine debe entenderse más bien como un pecado; ya lo dijo el clásico: cine es cine.
Por supuesto, sabemos que el teatro, incluso el más hiperrealista, el filmado como tal asumiendo esa quintaesencia de las tablas (véase, por ejemplo, el díptico Dogville / Manderlay, de ese tipo que a veces parece genial y otras chalado, Lars Von Trier), puede ser otro de los recursos estilísticos del cine. Pero aquí no existe esa asunción, sino que sencillamente se ha intentado transcribir, lo más pulcramente posible, pero sin sombra de creatividad cinematográfica, lo que ya era un éxito seguro en los escenarios de todo el mundo.
Lástima, porque Tom Hooper, en su anterior y oscarizada El discurso del rey, había despertado expectativas, presentándose como un cineasta sensible y con cosas que decir; aquí ha actuado como el honesto profesional que sin duda es, llevando a cabo aseadamente el encargo que le ha caído en suerte (su cuenta corriente sin duda se lo agradecerá), pero perdiendo la ocasión de, quizá traicionando el original teatral, hacer una verdadera película. Otra vez será.
Entre el nutrido elenco, lleno de figuras de primera línea, me quedo con el enfrentamiento entre los dos antagonistas del filme, Hugh Jackman y Russell Crowe, razonablemente creíbles en dos inmortales arquetipos humanos creados por Víctor Hugo: Jean Valjean, la honestidad compasiva, y el teniente Javert, el deber por encima de todo, incluso de la propia vida. Es cierto que cantando no son precisamente Plácido Domingo (en especial Crowe, que canta como un grillo), pero tampoco se lo pedía nadie. Entre los secundarios me quedo con una Anne Hathaway que da auténtica lástima en el penoso personaje, Fantine, que le toca en suerte, una mujer a la que el destino tiene marcada con las peores de las desgracias. En el polo opuesto, Sacha Baron Cohen representa muy bien al pícaro Thénardier, uno de esos personajes odiosos que él tan bien sabe componer (a ver si es que se autointerpreta…)
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Información: Critica de la pelicula Las sesiones - 07/01/2013 19:00:00

"Con frecuencia los actores que actúan en películas en las que interpretan personajes con alguna discapacidad suelen tener premios. Así ha sucedido varias veces en los Oscar y puede volver a ocurrir este año con John Hawkes por Las sesiones, puesto que ha sido nominado a los Globos de Oro como mejor actor dramático. En estas mismas nominaciones hay una incongruencia con Helen Hunt, que lo está como mejor actriz secundaria, cuando comparte protagonismo con Hawkes.
Lo que aquí se nos cuenta está extraído de los artículos que para una revista escribió el poeta y periodista Mark OBrien, quien de niño contrajo la poliomielitis, enfermedad que le recluyó gran parte de su existencia en un pulmón de acero de respiración asistida hasta que falleció con 49 años. Cuando le pidieron un artículo sobre el sexo en las personas discapacitadas, que escribió desde el pulmón de acero, quiso saber lo que se siente al practicarlo, ya que debido a su inmovilidad total no podía ni masturbarse. Para ello contrató a una terapeuta en educación sexual para experimentar qué supone estar con una mujer en el sentido bíblico y perder su virginidad. Debido a su condición de católico consultó previamente con un sacerdote.
El guion establece así un curioso triángulo entre estas tres personas en esta historia de superación personal, al tiempo que se establece una bonita relación de amistad entre el paciente y la especialista. Entre tanto refuerza su espiritualidad con el sacerdote católico y confesor que le guía y aconseja en lo religioso sin mostrarse nunca de manera pacata. A pesar del drama que supone encontrarse en su estado, a OBrien no le falta el optimismo, las ganas de vivir y el buen humor.
Nunca se cae en el melodrama, ni en un falso sentimentalismo, introduciendo en cambio unas notas de comicidad que alivian el tema sexual. Ese aspecto se muestra con naturalidad en los desnudos por parte de Helen Hunt, actriz ganadora del Oscar por Mejor... imposible (1997), que se exhibe de manera aséptica, sin provocación, como si se pusiera ante el médico para una exploración sexual, con un buen trabajo digno de esa nominación.
La cinta reflexiona sobre los sentimientos humanos y el apetito carnal, en este caso tan especial, mostrando el sexo explícito como una terapia médica, con normalidad y con cierta ternura.
John Hawkes hace una magnífica intervención en la incorporación de este hombre cuyo cuerpo inerte no le da muchas alegrías y a pesar de ello se toma la vida con filosofía. Sin duda es su mejor interpretación, tras demostrar su valía en Winters bone (2010), donde fue nominado al Oscar.
Interesante también el tercer lado del triángulo, William H. Macy, uno de los secundarios más valiosos del cine americano, como el sacerdote progresista que comprende las circunstancias especiales de su consulta y le aconseja en consecuencia a ello.
La dirección de Ben Lewin es inteligente en la puesta en escena de un tema tan duro y difícil, así como en el trabajo con los actores, no en vano sabe lo que es tener reducida la movilidad ya que él también sufrió la poliomielitis infantil.
La película tiene una cierta poesía, dentro de su tremendo y complejo realismo emocional, que la hace creíble.
Ganó el Premio del Público en el Festival de San Sebastián y antes había sido galardonada con el Especial del Jurado y el del Público en Sundance
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